Por Galvarino Sergio Apablaza Guerra “Salvador”, especial para www.memoriaviva.net
“Hace una semana que los combates son intensos. Todo parece indicar que algo grande se aproxima. Existen informaciones de que en los últimos días en Costa Rica han desembarcado los marines y que establecieron un puesto de comunicaciones desde un aeropuerto. Los mandos del estado mayor del Frente Sur salieron del territorio y todo indica que el final de la guerra está cerca. En el Frente Sur está representada la Patria Grande, incluso más allá de la brigada internacionalista en la cual nos corresponde participar y que está compuesta por nicaragüenses; chilenos; salvadoreños; uruguayos; argentinos y guatemaltecos. Porque además es común ver brasileños, dominicanos y panameños. Tan sólo hace unas horas se ha incorporado un nuevo contingente. Esta vez de “ticos, una brigada de cerca de cien hombres bajo el mando de Manuel Mora, hijo del secretario general del Partido Comunista de Costa Rica...
Foto: Formación en homenaje a Days Huerta, junio 1979.-
...Por nuestra parte comenzamos a planificar una gran ofensiva destinada a romper los últimos bastiones somocistas. Concentramos y reubicamos todas las piezas de artillería (morteros y cañones) durante la noche del 17 de julio del ‘79. Nuevos y audaces emplazamientos cercanos al borde delantero enemigo. Las columnas guerrilleras ya están preparadas para lo que podría ser el asalto final.
Se silencian las comunicaciones para garantizar la sorpresa. El enemigo toma también sus medidas. El fuego se hace más esporádico e irregular, sin objetivos claros. Sus comunicaciones más infrecuentes y sin el grado de angustia y ansiedad que hasta este momento han tenido.
En el Frente Sur, nuestra brigada internacionalista representa el mayor poder fuego, con piezas de mortero de mediano y gran calibre, así como cañones sin retroceso con gran efectividad en tiro directo. Es decir, como un gran “fusil”, transformándose en varias ocasiones en el terror de la guardia nacional que, por cierto, por el carácter que el conflicto armado ha asumido en esta parte del territorio la lleva a concentrar aquí sus fuerzas de élite y sus mejores medios.
Éstos son los obuses 105, aviones y helicópteros made in USA, y una batería de artillería reactiva. Es decir, lanzacohetes múltiples Arara de 40 rampas y de 70 milímetros, equipos obtenidos fruto de la colaboración de los israelíes cuya presencia aquí no se limita sólo al armamento. Hay que decir que además de que el arma oficial de la guardia nacional es el fusil galil, fabricado en Israel, también la instrucción y el asesoramiento en tareas de inteligencia y seguridad, así como los métodos usados por los servicios de la oficina de la seguridad nacional tienen el sello de los sionistas.
No está demás agregar que la base de su oficialidad recibió sus diplomas en la Escuela de las Américas, en Estados Unidos, y varios de ellos tuvieron instrucción en las fuerzas armadas de Pinochet.
La ofensiva final se había iniciado un mes antes, en junio de 1979, y las tropas somocistas comenzaron a perder terreno. Fruto de arduos combates, fueron obligadas a replegarse a una zona montañosa límite con la frontera de Costa Rica, escenario que se mantuvo casi inalterable hasta el fin de la guerra liberadora. Las huellas de esta retirada se mantuvieron hasta el final.
Carros de combate semidestruidos y una serie de cadáveres de soldados somocistas abandonados hacían más denso el clima, mezcla de pólvora y pudrición, fruto de una guerra a la que fueron arrastradas miles de víctimas para defender los intereses de una oligarquía y de un imperio que no estaba dispuesto a aceptar una nueva revolución en nuestro continente.
Pero como en otros procesos sociales a lo largo de la historia universal, y en todos los rincones del mundo, todo este poderío bélico fue incapaz de vencer la voluntad de un pueblo -guiado por un puñado de combatientes- dispuesto a dar la vida por la libertad y la independencia del continente.
La imagen de Sandino, incluso más allá de las diferencias políticas en las distintas tendencias en el seno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, era el elemento de unidad que permitió que cientos de miles de jóvenes a lo largo del territorio se incorporaran a la lucha liberadora.
A nadie le importaba la tendencia a la cual se suscribían: el enemigo era uno solo y había que derrotarlo. Fueron muchos los muchachos que llegaron a tomar las armas como la única forma para sobrevivir, porque -como en toda dictadura- ser joven y rebelde se había transformado en un gran delito. La juventud de la tropa llamaba la atención.
Era normal ver niños y adolescentes de ambos sexos portando un arma cuya diversidad era asombrosa en cuanto a calibre y fabricación. Incluso muchos de ellos marchaban desarmados o con medios de fabricación casera sirviendo de ayudantes de quien había logrado obtener alguna.
A pesar de la diversidad política, ideológica y cultural, fruto de nuestro origen y experiencia político-partidista heterogénea, nuestro contingente se transformó en una sólida unidad, cohesionado bajo un solo mando político y militar, como una unidad independiente y subordinada al estado mayor del Frente Sur. Fuimos parte importante en la conducción y dirección de la guerra y pese a ello éramos consideramos como un igual.
En nuestras mentes y corazones palpitaba la lucha de nuestro pueblo y en medio del fragor del combate nos dábamos el tiempo para estar al tanto de los acontecimientos de la patria.
En medio del monte nos llegaba la voz del programa “Escucha Chile” emitido por Radio Moscú, y en lo más profundo de nosotros de alguna forma creíamos estarnos ganando el pasaje para el añorado retorno y la incorporación a la lucha en contra de la tiranía.
De igual manera, esa gesta internacionalista nos hacía sentir herederos y continuadores de aquellos héroes de la independencia que lucharon y soñaron con la Patria Grande. Ahí estábamos los hijos de Artigas; de Farabundo Martí; de San Martín; de Simón Bolívar; de Sandino; de Manuel Rodríguez; de O’Higgins y por cierto, del Chicho, Fidel y el Che.
En el fondo ya éramos parte del “pequeño ejército loco”, denominación que había dado cincuenta años antes la insigne poetisa chilena Gabriela Mistral a las huestes de Sandino. Nosotros ahora nos veíamos reflejados en esos “rotosos guerreros, maestros del coraje y la diablura”.
Genial designación de Gabriela a nuestros pícaros antecesores en referencia a los hechos acaecidos el 28 de enero de 1928 en la montaña de El Chipote, cuando cuatro aviones norteamericanos Corsair creyeron bombardear la fortaleza de Sandino, que fue cercada y acosada por el cañoneo de los marines.
Durante varios días tembló toda la región, hasta que los invasores decidieron calar bayonetas y se lanzaron al ataque contra las trincheras de piedra erizadas de fusiles.
La “heroica acción yanki” esa vez culminó sin muertos ni heridos, porque los atacantes encontraron soldados de paja y fusiles de palo.
“Nunca los dólares, los sucres o los bolívares sudamericanos, que se gastan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarán mejor donados. Sandino no ha visto llegar hasta hoy los mozos argentinos, chilenos, ecuatorianos, que son su misma carne y que le deben una lealtad temeraria y perfecta que sólo la juventud puede dar. ¿Dónde está la naturalísima, la lógica Legión Hispanoamericana de Nicaragua?”.
Cincuenta años más tarde, honraríamos la lucidez de nuestra a veces postergada poetisa que concebía que “la solidaridad debe llegar hasta el fin, entregando incluso, la vida”.
Según el estudioso Quezada, Gabriela Mistral reclamó que centenares de jóvenes dejaran familias y universidades “para ofrecerle a Sandino lo mejor que puede cederse”.
Soldados comunistas

Foto: Intrucción combativa, junio 1979
Como disciplinados militantes comunistas, hasta nuestro amanecer en Nicaragua, nuestra experiencia política en Chile estaba radicaba esencialmente en la vía pacífica al socialismo. Incluso dentro del movimiento revolucionario -de una u otra forma- teníamos el “estigma” del pacifismo y en cierta medida, la fama de reformistas.
Pero a la hora de comandar un contingente que, a diferencia nuestra, en su mayoría venía con experiencia en el terreno de la lucha armada esto no fue un impedimento.
Gracias al aval de nuestra entrañable Revolución Cubana, la unidad de los revolucionarios se dio de forma natural en medio del combate y nuestro origen partidista pasó rápidamente a un segundo plano. La fraternidad y el compañerismo fueron elementos claves para garantizar el cumplimiento exitoso de la misión planteada .
Si bien es cierto la unidad fundamental estaba constituida por la artillería, muchos de nuestros compañeros fueron derivando, en otras especialidades con distintas tareas.
Algunos junto a los jefes de las columnas guerrilleras, como fue el caso de Raúl Pellegrin, fundador del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, brutalmente asesinado por Carabineros en 1988. Del Mago; del Pope; del Indio; del Huguito; del Paloma y del Marilao, hermano mapuche también caído más tarde en la lucha contra Pinochet.
Otros, como Germán, estaban en la instrucción al frente de una escuela que funcionó en plena zona de combate. O como el Nene que aportó su experiencia de tornero en la reparación de armamento.
También otros, por la necesidad de la lucha, estuvieron en la defensa antiaérea como el Loco Lira, Vasili y Ricardo. El “Loco” años después cayó combatiendo en El Salvador.
Foto: Salvador y Roberto Nordenflycht, en misión de exploración, junio 1979.-
Al frente de nuestras pequeñas unidades formadas por uruguayos, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses se encontraban entre otros Roberto Nordenflycht (nuestro querido “huevo”, caído en una acción combativa hacia fines de la dictadura); el Gave; Gladio; Joaquín; el Lagarto; el Chino; José, y otros hermanos socialistas, y por cierto, Days Huerta, que fue una de nuestras primeras bajas y a quien despedimos con dolor profundo en una de las excepcionales actividades políticas realizadas en pleno combate.
Su sangre transitoriamente se fundió en la tierra de Sandino, donde lo sepultamos en una caja de embalaje de piezas de artillería que ante la urgencia se transformó en ataúd, debidamente cubierto con las respectivas banderas rojinegra y chilena. La despedida se realizó en medio de los estruendos de fusilería como homenaje póstumo a un verdadero héroe internacionalista.
Un papel destacado les correspondió jugar a nuestras compañeras, participando activamente en todas las tareas de aseguramiento combativo. En particular desde el punto de vista médico, asignadas a las pequeñas unidades que estaban en la primera línea del frente de batalla.
Otros, además, aportaron en el trabajo de información, como Jorge, un compañero socialista que moriría también en esas tierras mientras colaboraba en la construcción del nuevo ejército.
Destacado papel jugaron en la conducción, desde el estado mayor, el Patán, el Cabezón y Antonio. Nuestros compañeros estaban en todas las estructuras del Frente Sur.
Grande fue el costo. Además de los nombrados, varios más cayeron en la lucha, como Jorge un hermano uruguayo y comunista; el Payo Lagos y otros tantos que aún recuperándose de sus heridas siguieron aportando y luchando desde la primera línea.
En medio del aprendizaje de un conflicto que cada día se hacía más regular, a pesar de ser una fuerza irregular, guerrillera, luego de pequeños éxitos nos acercábamos a la fase final. Estábamos listos para la gran ofensiva, estimulados por informaciones que demostraban una gran debilidad del poder somocista y un inminente desmoronamiento de su fuerza militar.
Con todas nuestras fuerzas en tensión amanecimos un 18 de julio. Después de varios días de intensa lluvia tropical apareció el sol como anuncio de una nueva alborada. Reinaba un inusual silencio total en el frente. Sólo se oían disparos aislados de uno que otro francotirador. La suerte ya estaba echada.
Habíamos triunfado y la guardia nacional huía despavorida, abandonando hombres y equipos en dirección al puerto de San Juan donde algunas barcazas los esperaban. Vivíamos una fiesta. Risas y llantos, con la certeza de comenzar a construir el futuro.
En la mente de todos y, en particular de los nicas, pulsaba fuerte el deseo de llegar lo más pronto a Managua a encontrarse con los suyos. El caos y el desorden eran la tónica del momento.
Los esfuerzos por organizar la marcha y comenzar a defender lo logrado fueron nuestra principal tarea. La frontera se iba llenando de quienes de manera solidaria -en transportes de distintos tipo- se iban uniendo a la marcha.
En tiempo récord, reunimos a nuestras unidades y la mayor parte del armamento que sería la base de la organización de las futuras Fuerzas Armadas Sandinistas. Igualmente dejamos un grupo de compañeros que ante cualquier eventualidad fuera capaz de defender aquel territorio que nos había servido de morada.
Hay que decir que lo que menos había eran voluntarios para esa labor y quienes se quedaron lo hicieron sobre la base de su disciplina y conducta militante.
Nuestra marcha hacia la capital era multitudinaria, y al paso de la misma, a lo largo de ruta, era vitoreada por un pueblo que se empezaba a sentir dueño de su destino.
A la entrada de los poblados, la larga columna se veía obligada a detenerse porque desde humildes hogares salían moradores a ofrendarnos café, tortillas, un buen ron y cigarrillos. Por cierto no faltaban los gritos, las canciones y las consignas.
Tampoco estaban ausentes los discursos y arengas de algunos dirigentes como Edén Pastora, que recién ahí aparecía, sacaba la voz y asumía como jefe del Frente Sur Benjamín Zeledón, pero a quien en los días de plomo sólo se lo veía ocasionalmente y rodeado de periodistas.
Atrás quedaban, nuestros recuerdos y temores. En un suelo regado con la sangre generosa de nuestros hermanos.
Adelante nos esperaba el búnker del dictador y la posibilidad y la esperanza de un pueblo por construir un mañana mejor.
Para nosotros ese 19 de julio de 1979 era la reafirmación de la confianza en que nada estaba perdido y la seguridad absoluta de que no existe dictadura ni Imperio capaz de encadenar los deseos y la voluntad de los pueblos de ser libres.
Nota: son muchos más los compañeros que participaron de esta gesta internacionalista, pero sería imposible nombrarlos a todos en este breve artículo. Que sirva al menos de estímulo para echar a andar la memoria y rescatar nuestra historia plagada de gloria y heroísmo.
Galvarino Sergio Apablaza Guerra, “Salvador”
Ver:
Emboscada |